Países Bajos Recupera su Fuerza Acorazada

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Diez años después de deshacerse de sus últimos carros de combate, los Países Bajos recupera su fuerza Acorazada, enmendando su error. Planean la adquisición de 46 tanques Leopard 2A8 por unos 1.000 millones de euros, marcando un punto de inflexión en su estrategia de defensa.

Después de haber desmantelado su arma acorazada en 2011, la decisión de reconstruir un batallón de carros refleja un cambio radical en la política neerlandesa, impulsado por la realidad de las crecientes tensiones geopolíticas, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania.

Un error del idealismo europeo

En 2011, los Países Bajos decidieron deshacerse de sus carros 100 Leopard 2A6NL como parte de los recortes en el presupuesto de Defensa. El arma acorazada, a pesar de sus bondades, no es que sea precisamente barata. En ese momento, vender sus 100 Leopard 2A6NL a Finlandia por 200 millones de euros parecía un buen negocio. Ahora va a gastar 1.000 millones para tener menos de la mitad, aunque ligeramente más modernos.

La decisión de eliminar esta capacidad se basó en la percepción de que, tras el fin de la Guerra Fría, los tanques ya no eran necesarios para las operaciones militares del país. En ese momento, las prioridades se centraron en misiones internacionales, como las intervenciones en Afganistán y África, lo que llevó a considerar los carros como una herramienta obsoleta y costosa para el tipo de misiones que el país estaba involucrado.

Países Bajos Recupera su Fuerza Acorazada
Al finalizar la Guerra Fría, los países bajos tenían 441 Leopard 2A4. Imagen: The Tank Museum (UK)

Básicamente, el liderazgo neerlandés creyó que no iban a haber más guerras interestatales en Europa en décadas vista. Esas eran las «guerras del pasado». Las «nuevas guerras» (ver Mary Kaldor) era hacia donde se iban a enfocar las fuerzas armadas de los Países Bajos, abandonando en parte el cometido de la defensa del propio estado.

Sin embargo, tras la invasión rusa de Ucrania en 2014, los Países Bajos reconocieron que la eliminación de su capacidad acorazada había sido un error estratégico. Esto los obligó a arrendar 18 de sus antiguos Leopard, que habían sido vendidos a Alemania y modernizados. Aunque estos eran de propiedad alemana, se acordó que podían ser utilizados por los Países Bajos en caso de necesidad.

El revulsivo de la amenaza rusa

Este nuevo paso responde a la necesidad de fortalecer la disuasión militar (olvidada en guerras COIN) y cumplir con las obligaciones de la OTAN. Los Países Bajos han reconocido que la falta de carros de combate los dejaba en desventaja ante posibles conflictos de gran escala, como los que actualmente se consideran más que posibles en el contexto europeo. Según el secretario de Estado de Defensa neerlandés, Gijs Tuinman, «la guerra en Ucrania ha demostrado que los carros de combate siguen siendo vitales en los conflictos modernos«.

Este movimiento también está en línea con la creciente presión de la OTAN para que sus miembros inviertan más en defensa terrestre, particularmente en capacidades de armamento pesado. La adquisición de estos tanques busca corregir la «falta estratégica» cometida en 2011, cuando se decidió que los tanques ya no eran necesarios para las operaciones militares del país.

Además, los Países Bajos no solo están adquiriendo carros, sino que también están apostando por el desarrollo de sistemas no tripulados para complementar sus capacidades blindadas y la mejora de las defensas aéreas basadas en tierra. Todo como lecciones de la Guerra de Ucrania, aunque era obvio para muchos que esas capacidades eran necesarias.

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